Es difícil resumir y expresar en palabras lo que he podido aprender durante estos últimos meses en Acomar. Es complejo y laborioso el proceso que lleva a cabo una persona para salir de la pobreza. No solo necesitan una ayuda económica o alimentaria para salir del paso, sino que tren con ellos una maleta llena de preocupaciones.
La mayoría son personas muy pobres y tan solo reclaman un poco de comida hasta que pasan a formar parte de la familia de acogidos de Acomar. Estas personas que entran por primera vez para cenar o almorzar, se les ofrece un techo donde dormir, una ducha para cuidar su higiene o un corte de pelo, entre otras muchas atenciones primarias. Todo ello junto con un trato amable, sin profundizar en los motivos que les han llevado allí, para que perciban esta asociación como un lugar donde sentirse cómodos.
Una vez suplantadas las necesidades más urgentes y básicas, se comienza un proceso hacia una vida mejor. Este proceso implica dejar hábitos poco saludables como mendigar, ciertas adicciones o el consumo de colillas. Desde el primer momento, se dejan claros cuáles con los pasos a seguir y cuál debe ser el comportamiento del acogido en la asociación para que no se produzcan conflictos. Se irán tratando los problemas que les rodean poco a poco, a su debido tiempo y sin querer abarcar todas las dificultades a la vez. Se pasa a un cambio de rutina en la que es necesaria la ayuda de diferentes profesionales y entidades públicas. Todo ello bajo un seguimiento que se realiza desde Acomar día tras día, de lunes a domingo y los 365 días del año, con el fin de poder acompañar al acogido durante todo este proceso. La pobreza nunca descansa: las personas necesitan comida caliente, tomar su medicación, vestir con ropa abrigada en días fríos, celebrar la Navidad, sentirse apoyadas y escuchadas, charlar de las noticias diarias... necesidades que deben ser atendidas de forma inmediata y que no pueden esperar.
No todos los acogidos tienen el mismo recorrido ni los mismos objetivos que alcanzar. Se puede ver reflejado en la trayectoria de las personas que llevan años bajo el amparo de Acomar. Muchos ocupan su tiempo con sus hobbies preferidos, estudiando idiomas o trabajando, junto con alguna pequeña ayuda económica que ofrece el Estado o Acomar. Necesitan un apoyo continuo para poder sobrellevar su enfermedad mental o para solucionar problemas familiares. Siempre intentando mantenerse en el camino correcto, sin desviaciones, aunque en ocasiones aparecen obstáculos a los que deben enfrentarse.
Algunos no llegan a entender la oportunidad que ofrece Acomar y deciden voluntariamente, continuar su camino fuera.
Durante estos últimos meses, me he podido acercar a la realidad de los acogidos. He podido apreciar cuáles con sus mayores preocupaciones, los problemas que surgen a diario o cómo se les anima para que sigan hacia delante. Siempre se les habla con sinceridad, buscando su propio bien y enseñándoles cuál es el camino hacia una vida donde no exista la pobreza.
Nuria Martínez
miércoles, 8 de febrero de 2017
miércoles, 18 de enero de 2017
LA OLA DE FRIO Y EL SIN TECHO
Ya pasó la Navidad. El Sin Techo también está pasando su Navidad. Nuestra Navidad no interesa mucho a estas personas. Su Navidad, como la de Acomar, es todo el año.
Para estas personas, su Navidad es mucho más cercana, más próxima y más deseada. La están esperando, y cuando les llega, les produce una alegría y un gozo muy lindo. La suya, no tiene nada que ver con el turrón, ni el mazapán, ni la pandereta; eso no les sirve para nada. Están en este mundo, pero no entran en nuestro mundo. Su mundo está en el inmenso campo de la pobreza, que nada tiene que ver con nuestro jolgorio, lucecitas y grandes cenas En este inmenso campo de la pobreza, donde están enraizadas, también hay su Navidad. Es la espera constante, diaria, permanente, de que les llegue la Buena Noticia. ¿Cuál es para estas personas su Buena Noticia? Pues muy sencillo, su liberación, y empezar a cortarle las raíces de los temas personales, sociales, de salud, que la tienen atada en este inmenso campo. Continúan en ACOMAR muchas personas, atendidas y acogidas, unas, viviendo ya su alegre Navidad, otras, esperándola.
Pasó la Navidad, ya no se habla de Navidad, ahora se habla de rebajas pero mira por dónde, llega ahora otra situación, ligada al inmenso campo de la pobreza la ola de frío. Comienza un calvario. La ola de frío del Sin Techo”. Muchas personas e Instituciones, como en Acomar, comenzamos a buscar alojamiento para estas personas un techo, una cama, un lugar digno, una alimentación, un acompañamiento, para pasar estos días de frío intenso que nos llegan y otros que vendrán. ¿Y luego? Pues seguramente que otra vez a la calle. Y mañana, ¿qué? Nuevamente a buscarte la vida, ¿dónde? nuevamente, a la calle. Otra vez al sufrimiento, al dolor, al abandono Amigos, amigas, el Sin Techo” no solamente padece el frío corporal, que está muy bien acogerlo y darle un lugar digno como anteriormente expongo, pero el sin techo tiene un frío mucho más intenso que le cala hasta el corazón, y este frío no se quita ni con camas, ni con mantas, ni con sábanas limpias para dormir. Es el frío intenso de su corazón. El sentirse sólo, abandonado, marginado, olvidado Le falta no el calor de la manta, si no el calor de tu corazón y de mi corazón. El calor del cariño, del afecto, de la ternura humana. Mientras esté en esa situación de abandono interno, no solamente estará en la ola de frío externa, si no también en la ola de frío interna y permanente, que es mucho más dolorosa para la persona. El frío de la soledad, el frío de la desesperanza, el frío de no tener nada ni a nadie.
Alicante, 18 de Enero de 2017. Salvador
Para estas personas, su Navidad es mucho más cercana, más próxima y más deseada. La están esperando, y cuando les llega, les produce una alegría y un gozo muy lindo. La suya, no tiene nada que ver con el turrón, ni el mazapán, ni la pandereta; eso no les sirve para nada. Están en este mundo, pero no entran en nuestro mundo. Su mundo está en el inmenso campo de la pobreza, que nada tiene que ver con nuestro jolgorio, lucecitas y grandes cenas En este inmenso campo de la pobreza, donde están enraizadas, también hay su Navidad. Es la espera constante, diaria, permanente, de que les llegue la Buena Noticia. ¿Cuál es para estas personas su Buena Noticia? Pues muy sencillo, su liberación, y empezar a cortarle las raíces de los temas personales, sociales, de salud, que la tienen atada en este inmenso campo. Continúan en ACOMAR muchas personas, atendidas y acogidas, unas, viviendo ya su alegre Navidad, otras, esperándola.
Pasó la Navidad, ya no se habla de Navidad, ahora se habla de rebajas pero mira por dónde, llega ahora otra situación, ligada al inmenso campo de la pobreza la ola de frío. Comienza un calvario. La ola de frío del Sin Techo”. Muchas personas e Instituciones, como en Acomar, comenzamos a buscar alojamiento para estas personas un techo, una cama, un lugar digno, una alimentación, un acompañamiento, para pasar estos días de frío intenso que nos llegan y otros que vendrán. ¿Y luego? Pues seguramente que otra vez a la calle. Y mañana, ¿qué? Nuevamente a buscarte la vida, ¿dónde? nuevamente, a la calle. Otra vez al sufrimiento, al dolor, al abandono Amigos, amigas, el Sin Techo” no solamente padece el frío corporal, que está muy bien acogerlo y darle un lugar digno como anteriormente expongo, pero el sin techo tiene un frío mucho más intenso que le cala hasta el corazón, y este frío no se quita ni con camas, ni con mantas, ni con sábanas limpias para dormir. Es el frío intenso de su corazón. El sentirse sólo, abandonado, marginado, olvidado Le falta no el calor de la manta, si no el calor de tu corazón y de mi corazón. El calor del cariño, del afecto, de la ternura humana. Mientras esté en esa situación de abandono interno, no solamente estará en la ola de frío externa, si no también en la ola de frío interna y permanente, que es mucho más dolorosa para la persona. El frío de la soledad, el frío de la desesperanza, el frío de no tener nada ni a nadie.
Alicante, 18 de Enero de 2017. Salvador
martes, 22 de noviembre de 2016
DIA DE LAS PERSONAS SIN HOGAR
Hace unos días me comentó un compañero, hablando del “Día de Personas sin Hogar”, antes “Sin Techo” que es el 28 del actual, que escribiera unas letritas sobre este tema y aquí estoy. Voy a hablar de lo que vivo durante 26 años, diariamente, con estas personas y con el fenomenal voluntariado de ACOMAR, en nuestra Casa de Acogida y Seguimiento, en Alicante.
Quiero dar gracias al Señor, porque el Papa Francisco, al cerrar el Año Jubilar ha abierto las puertas de la Iglesia a las personas muy muy pobres de todo el mundo, nos habla de que estamos llamados a acoger y a incluir al otro y que cada vez que dejamos al excluido damos la espalda a Dios. Nos pide que estemos cerca de estas personas, para ayudarlas… Pues, aquí estamos. Pero no para sigan en la pobreza sino para intentar que puedan salir de ella.
Amigos/as, es una realidad que la pobreza continua creciendo. En cada esquina podemos encontrarnos con cualquiera de estas personas, que nos piden ayuda, cada día.
En la denominación de “Personas sin Hogar” pueden entrar aquellas personas que están permanentemente en la calle, o pasando la noche en cajeros, pasadizos, casas abandonadas, soportales…en completo abandono personal tanto externo como interno. En este concepto también entran: vagabundos, mendigos, inmigrantes sin recursos, otras personas dentro del campo de las dependencias, alcohol, droga, prostitución…que también están en completo abandono personal. Cada colectivo con sus circunstancias…
¿Para qué es este día?. ¿Le vamos a dar mejor alimentación al sin techo?. ¿Le vamos a dar más compañía?. ¿Vamos a estar más atentos a sus múltiples necesidades de pobreza?. ¿Vamos a sentarnos con ellos/as para escucharlos/as y comenzar a resolver sus necesidades?. ¿Le vamos a dar alojamiento?. Le vamos a dar su dignidad?... Le vamos… Le vamos… Amigos todas estas atenciones hay que darlas diariamente. Las necesitan. Y muchas más.
No sé qué significado puede tener para nosotros/ as este día… Un recuerdo…, una llamada de atención a nuestra conciencia…un evento... una oración… Pues muy bien. Y mañana ¿qué?.
Para algunos/as por no decir todos/as será un día cualquiera, pero no son ajenos a su situación. Son tantas las carencias, sufrimientos, abandonos… que llevan en sus vidas, que nada de eso puede arreglarse ni en un día ni en un rato. Tengamos presente que todas esas circunstancias dolorosas y más, son las que las han llevado a estas situaciones y en ellas permanecen. Y le han producido muchas “heridas” tanto externas como internas. Las más duraderas y difíciles de borrar; las internas, como a cualquiera de nosotros, pero es otro mundo, inmerso en el enorme Campo de la pobreza.
Para estas personas, el “Día de personas sin Hogar”, es todo el año. En su vida no hay prisas. Su actitud, ante tanto y tanto tiempo a la espera de que alguien le diga algunas palabras de consuelo, o sienta la cercanía de que alguien quiere hacer algo por su persona, es el silencio, la paciencia, el volver a empezar cada día. ¡Volver a empezar cada día en la misma pobreza que dejó ayer!. En la misma miseria, en el mismo dolor, en el mismo olvido… Y pasa el tiempo…y el tiempo… y la persona… y se acomoda a estar ahí, como una “cosa”… El sin techo, sigue hundido en la misma estrechez de sus carencias externas… pero amigos han aumentado sus “heridas” internas. Le faltan fuerzas. Su Yo ya no lo encuentra. Le falta motivación. No hay forma para salir de esa situación. No tiene a dónde acogerse. Tiene nada. Externamente cuatro harapos y una mochila. Su interior está vacío, pero vacío de ir padeciendo mucho tiempo tanto dolor y sufrimiento, como nos puede ocurrir a cualquiera de nosotros cuando las cosas no van bien; claro, que nosotros podemos recuperarnos porque estamos en un ambiente social que supuestamente nos puede entender, a estas personas los rechaza. Pero sigue siendo persona. Y sigue esperando, esperando… no grita, no se manifiesta… Lo suyo es el silencio…Sus enfermedades más comunes son dos: La soledad y la desesperanza. Ya algún día hablaré de ellas. Algunas de estas personas están tan solitarias que buscan compañía y desean borrar de su vida de forma pasajera tanta amargura con cualquier consumo. Y comienzan con la dependencia. Es una cadena de acontecimientos, en su vida, que a medida que pasa el tiempo la van “hundiendo”, más enraizándola en el Campo de la pobreza.
Estas situaciones no las quieren estas personas, como tampoco quieren que le ofrezcan soluciones temporales a corto o medio plazo con estrategias o recursos… que están muy bien, de momento. Así, seguimos con el asistencialismo y trabajamos para la persona cubriendo sus necesidades y con poca conexión con las circunstancias que le han llevado a esas situaciones de abandono… y otras más.
Estas personas, que podemos encontrarlas en la situación de marginación pueden ser: incipientes, habituales y crónicas. Necesitan, para romper la raíces de su pobreza, que algunas lo están deseando, una persona o personas que caminen con ella en el proceso que le corresponda, según su situación y dar unos “pasos” hacía su liberación. El proceso es largo, el camino es duro, pero apasionante ya que vas a vincular tu corazón al corazón de la “Persona sin Hogar” .Más adelante hablo de ello. Me han dicho más de una vez cuando he comenzado la entrevista con cualquier persona de éstas y a caminar con ellas en el proceso que voluntariamente han aceptado, ayudándolas a salir de su situación: “Si yo hubiera tenido lo que tengo en esta Casa y con este voluntariado, cuando caí por primera vez en la pobreza, no habría llegado donde estoy, me hubiera liberado. ¡Es doloroso, muy doloroso el verse así!.
¿Sabéis qué día ha de ser para cualquiera de nosotros el “ Día de la Persona sin Hogar.”? Simplemente el día que acompañando a una de estas personas lleguemos a entrar con ella en el Campo de la pobreza. ¡Que es enorme!. ¡Es inmenso!. Pero no vayamos a entrar ni de” visita” ni de “puntillas”, ni con prisas. Y mucho menos con miedo. El miedo construye inseguridades. Vamos a caminar, para hacer una senda con un compromiso serio, muy serio de ayuda a esa persona. Simplemente dar vida donde no la hay. Amigos/as para entrar en ese inmenso Campo hay que entrar por una puerta muy estrecha; “¡Qué estrecha es la puerta y qué angosta la senda que lleva a la vida y cuán pocos los que dan con ella! “ (Mt.7,13). Para empezar a entrar tienes que abajarte y si quieres continuar ponerte a la altura de la persona que va ser tu compañero/a de viaje. Escúchale sus lamentos. Ayúdale en sus marchas y contramarchas… Alguien me dirá ¡Imposible!. Sigue hablando la experiencia: ¡No es imposible!. La llave de esa puerta pequeña, ¿sabes quién la tiene? La tenemos tú y yo si nos comprometemos a dar la mano a y a dar la cara por la persona marginada y excluida. Sin miedo al camino a recorrer y mucho menos a comentarios ni a críticas que lo único que hacen es destruir. Quédate cerca de la persona y dale los mejores sentimientos de comprensión, ayuda, escucha ternura. Nacerá la esperanza y su autoestima y su YO comenzará a tener vida y fe en sí mismo. Será la persona abandonada, la protagonista de su propia liberación. Vamos a intentarlo. Imposible no es. Habrá una persona menos en el Campo de la pobreza. Entonces podremos celebrar a lo grande el “Día de la Persona sin Hogar”. Crecerá nuestra Iglesia. Salvador. Alicante, 15 Noviembre 2016.
Quiero dar gracias al Señor, porque el Papa Francisco, al cerrar el Año Jubilar ha abierto las puertas de la Iglesia a las personas muy muy pobres de todo el mundo, nos habla de que estamos llamados a acoger y a incluir al otro y que cada vez que dejamos al excluido damos la espalda a Dios. Nos pide que estemos cerca de estas personas, para ayudarlas… Pues, aquí estamos. Pero no para sigan en la pobreza sino para intentar que puedan salir de ella.
Amigos/as, es una realidad que la pobreza continua creciendo. En cada esquina podemos encontrarnos con cualquiera de estas personas, que nos piden ayuda, cada día.
En la denominación de “Personas sin Hogar” pueden entrar aquellas personas que están permanentemente en la calle, o pasando la noche en cajeros, pasadizos, casas abandonadas, soportales…en completo abandono personal tanto externo como interno. En este concepto también entran: vagabundos, mendigos, inmigrantes sin recursos, otras personas dentro del campo de las dependencias, alcohol, droga, prostitución…que también están en completo abandono personal. Cada colectivo con sus circunstancias…
¿Para qué es este día?. ¿Le vamos a dar mejor alimentación al sin techo?. ¿Le vamos a dar más compañía?. ¿Vamos a estar más atentos a sus múltiples necesidades de pobreza?. ¿Vamos a sentarnos con ellos/as para escucharlos/as y comenzar a resolver sus necesidades?. ¿Le vamos a dar alojamiento?. Le vamos a dar su dignidad?... Le vamos… Le vamos… Amigos todas estas atenciones hay que darlas diariamente. Las necesitan. Y muchas más.
No sé qué significado puede tener para nosotros/ as este día… Un recuerdo…, una llamada de atención a nuestra conciencia…un evento... una oración… Pues muy bien. Y mañana ¿qué?.
Para algunos/as por no decir todos/as será un día cualquiera, pero no son ajenos a su situación. Son tantas las carencias, sufrimientos, abandonos… que llevan en sus vidas, que nada de eso puede arreglarse ni en un día ni en un rato. Tengamos presente que todas esas circunstancias dolorosas y más, son las que las han llevado a estas situaciones y en ellas permanecen. Y le han producido muchas “heridas” tanto externas como internas. Las más duraderas y difíciles de borrar; las internas, como a cualquiera de nosotros, pero es otro mundo, inmerso en el enorme Campo de la pobreza.
Para estas personas, el “Día de personas sin Hogar”, es todo el año. En su vida no hay prisas. Su actitud, ante tanto y tanto tiempo a la espera de que alguien le diga algunas palabras de consuelo, o sienta la cercanía de que alguien quiere hacer algo por su persona, es el silencio, la paciencia, el volver a empezar cada día. ¡Volver a empezar cada día en la misma pobreza que dejó ayer!. En la misma miseria, en el mismo dolor, en el mismo olvido… Y pasa el tiempo…y el tiempo… y la persona… y se acomoda a estar ahí, como una “cosa”… El sin techo, sigue hundido en la misma estrechez de sus carencias externas… pero amigos han aumentado sus “heridas” internas. Le faltan fuerzas. Su Yo ya no lo encuentra. Le falta motivación. No hay forma para salir de esa situación. No tiene a dónde acogerse. Tiene nada. Externamente cuatro harapos y una mochila. Su interior está vacío, pero vacío de ir padeciendo mucho tiempo tanto dolor y sufrimiento, como nos puede ocurrir a cualquiera de nosotros cuando las cosas no van bien; claro, que nosotros podemos recuperarnos porque estamos en un ambiente social que supuestamente nos puede entender, a estas personas los rechaza. Pero sigue siendo persona. Y sigue esperando, esperando… no grita, no se manifiesta… Lo suyo es el silencio…Sus enfermedades más comunes son dos: La soledad y la desesperanza. Ya algún día hablaré de ellas. Algunas de estas personas están tan solitarias que buscan compañía y desean borrar de su vida de forma pasajera tanta amargura con cualquier consumo. Y comienzan con la dependencia. Es una cadena de acontecimientos, en su vida, que a medida que pasa el tiempo la van “hundiendo”, más enraizándola en el Campo de la pobreza.
Estas situaciones no las quieren estas personas, como tampoco quieren que le ofrezcan soluciones temporales a corto o medio plazo con estrategias o recursos… que están muy bien, de momento. Así, seguimos con el asistencialismo y trabajamos para la persona cubriendo sus necesidades y con poca conexión con las circunstancias que le han llevado a esas situaciones de abandono… y otras más.
Estas personas, que podemos encontrarlas en la situación de marginación pueden ser: incipientes, habituales y crónicas. Necesitan, para romper la raíces de su pobreza, que algunas lo están deseando, una persona o personas que caminen con ella en el proceso que le corresponda, según su situación y dar unos “pasos” hacía su liberación. El proceso es largo, el camino es duro, pero apasionante ya que vas a vincular tu corazón al corazón de la “Persona sin Hogar” .Más adelante hablo de ello. Me han dicho más de una vez cuando he comenzado la entrevista con cualquier persona de éstas y a caminar con ellas en el proceso que voluntariamente han aceptado, ayudándolas a salir de su situación: “Si yo hubiera tenido lo que tengo en esta Casa y con este voluntariado, cuando caí por primera vez en la pobreza, no habría llegado donde estoy, me hubiera liberado. ¡Es doloroso, muy doloroso el verse así!.
¿Sabéis qué día ha de ser para cualquiera de nosotros el “ Día de la Persona sin Hogar.”? Simplemente el día que acompañando a una de estas personas lleguemos a entrar con ella en el Campo de la pobreza. ¡Que es enorme!. ¡Es inmenso!. Pero no vayamos a entrar ni de” visita” ni de “puntillas”, ni con prisas. Y mucho menos con miedo. El miedo construye inseguridades. Vamos a caminar, para hacer una senda con un compromiso serio, muy serio de ayuda a esa persona. Simplemente dar vida donde no la hay. Amigos/as para entrar en ese inmenso Campo hay que entrar por una puerta muy estrecha; “¡Qué estrecha es la puerta y qué angosta la senda que lleva a la vida y cuán pocos los que dan con ella! “ (Mt.7,13). Para empezar a entrar tienes que abajarte y si quieres continuar ponerte a la altura de la persona que va ser tu compañero/a de viaje. Escúchale sus lamentos. Ayúdale en sus marchas y contramarchas… Alguien me dirá ¡Imposible!. Sigue hablando la experiencia: ¡No es imposible!. La llave de esa puerta pequeña, ¿sabes quién la tiene? La tenemos tú y yo si nos comprometemos a dar la mano a y a dar la cara por la persona marginada y excluida. Sin miedo al camino a recorrer y mucho menos a comentarios ni a críticas que lo único que hacen es destruir. Quédate cerca de la persona y dale los mejores sentimientos de comprensión, ayuda, escucha ternura. Nacerá la esperanza y su autoestima y su YO comenzará a tener vida y fe en sí mismo. Será la persona abandonada, la protagonista de su propia liberación. Vamos a intentarlo. Imposible no es. Habrá una persona menos en el Campo de la pobreza. Entonces podremos celebrar a lo grande el “Día de la Persona sin Hogar”. Crecerá nuestra Iglesia. Salvador. Alicante, 15 Noviembre 2016.
miércoles, 12 de octubre de 2016
LOS VOLUNTARIOS ARTESANOS DE LA MISERICORDIA
Hermanos y hermanas, vosotros representáis el gran y variado mundo del voluntariado. Entre las realidades más hermosas de la Iglesia os encontráis vosotros que cada día, casi siempre de forma silenciosa y escondida, dais forma y visibilidad a la misericordia. Vosotros sois artesanos de la misericordia: con vuestras manos, con vuestros ojos, con vuestro oído atento, con vuestra cercanía, con vuestras caricias...artesanos. Vosotros manifestáis uno de los deseos más hermosos del corazón del hombre: hacer que una persona que sufre se sienta amada.
En las distintas condiciones de indigencia y necesidad de muchas personas, vuestra presencia es la mano tendida de Cristo que llega a todos. Vosotros sois la mano tendida de Cristo que llega a todos. ¿Lo habéis pensado?.La credibilidad de la Iglesia pasa también de manera convincente a través de vuestro servicio a los niños abandonados, los enfermos, los pobres sin comida ni trabajo, los ancianos, los sin techo, los prisioneros, los refugiados y los emigrantes, así como a todos aquellos que han sido golpeados por las catástrofes ... En definitiva donde quiera que haya una petición de auxilio allí llega vuestro testimonio activo y desinteresado. Vosotros hacéis visible la Ley de Cristo, la de llevar los unos los pesos de los otros (cf. Gal 6,2: Jn 13, 24). Queridos hermanos y hermanas vosotros tocáis la carne de Cristo, con vuestras manos, no lo olvidéis. Tocáis la carne de Cristo con vuestras manos. Sed siempre diligentes en la solidaridad, fuertes en la cercanía, solícitos en generar alegría y convincentes en el consuelo.....Estad siempre contentos y llenos de alegría por vuestro servicio, pero no dejéis que nunca sea motivo de presunción que lleva a sentirse mejores que los demás. Por el contrario vuestra obra de misericordia sea humilde y elocuente prolongación de Jesucristo que sigue inclinándose y haciéndose cargo de quién sufre. De hecho el amor "edifica" (l Cor 8,1) y, dia tras día permite a nuestras comunidades ser signo dela comunión fraterna.
Hablad al Señor de esto...El Señor nos escucha: Llamadlo. Señor, mira esto. Mira cuánta pobreza,cuánta indiferencia, cuánto se mira para otro lado. "Esto no me concierne a mi, no me importa". Hablad con el Señor: "Señor, ¿por qué?. Señor, ¿por qué?. ¿Por qué soy tan débil y tú me has llamado a este servicio?. Ayúdame, dame fuerza y humildad" El núcleo de la misericordia es este diálogo con el corazón misericordioso de Jesús....
jueves, 22 de septiembre de 2016
CONOCÍ UN NUEVO ACOGIDO
Hace unos días conocí a un nuevo acogido inmigrante en Acomar. Llamó a la puerta de Acomar con la esperanza de que alguien le pudiese ayudar. Llevaba consigo una bolsa llena de mendrugos de pan que había encontrado por la calle y ese era su pan de cada día. No comía comida caliente desde hacía más de veinte días. Ese mismo día, gracias a la colaboración de los voluntarios, pudo cenar un plato de comida caliente. Pero el acogido necesitaba algo más allá de un apoyo físico, como es saciar el hambre y la higiene; necesitaba que lo escucharan, que lo comprendiesen y enseguida se sintió amparado en Acomar. Contaba que desde hacía mucho tiempo se sentía vacío por dentro y que buscaba ayuda para llenar su interior. Además, narraba que es difícil encontrar ayuda en la calle. Él nunca pensó estar en una situación de pobreza y cualquiera puede llegar a una situación como ésta, por ello, no entiende que en la calle le mire con desprecio y no lo ayuden.
Su próximo objetivo es volver a su país de procedencia ya que piensa que allí encontrará una vida mejor. Para ello necesita tener un orden en su vida. Necesita un orden a nivel administrativo (papeles, dinero…), pero también un orden personal e interior que le permita volver a su país. A penas unos días después de su entrada viste ropa nueva y una sonrisa sincera porque se siente en paz en Acomar. Le han sabido atender, entender cuáles eran sus verdaderas necesidades y ahora llevan a cabo su seguimiento personal y también tiene cubiertas todas las necesidades primarias a la espera de poder llegar a su país.
Una vol
Su próximo objetivo es volver a su país de procedencia ya que piensa que allí encontrará una vida mejor. Para ello necesita tener un orden en su vida. Necesita un orden a nivel administrativo (papeles, dinero…), pero también un orden personal e interior que le permita volver a su país. A penas unos días después de su entrada viste ropa nueva y una sonrisa sincera porque se siente en paz en Acomar. Le han sabido atender, entender cuáles eran sus verdaderas necesidades y ahora llevan a cabo su seguimiento personal y también tiene cubiertas todas las necesidades primarias a la espera de poder llegar a su país.
Una vol
jueves, 8 de septiembre de 2016
TESTIMONIO DE UN ACOGIDO DE ACOMAR
Cuando uno no está preparado para los golpes, ni el sufrimiento, ni el dolor que le esconde la vida, cuando uno empieza a perder la pasión, la ilusión y el interés por todo, cuando uno no tiene el coraje de reconocer sus problemas e intentar solucionarlos, se vuelve vulnerable y débil, y allí empieza a caerse en el pozo de la soledad, la marginación y el alcohol.
Y cuando esa persona se junta con malas compañías y vive en un entorno que no le ayuda a salir de ese pozo, pues solo le queda que aparezca la ayuda divina.
Una mañana me levanté sin ser capaz de recordar nada de lo ocurrido en la noche anterior y no sabía cómo había llegado a mi habitación. Me asusté -era mi primera amnesia alcohólica- pero luego no le di mucha importancia, creía que era algo normal después de beber mucho alcohol. Pero empecé a sufrirlas más frecuentemente, cada vez que me pasaba me sentía mal, aparte de que perdía cosas o me pasada algo, hasta que llegué a perderlo todo: “mis documentos, mi dinero, mi teléfono, etc.”. Pero lo más valioso que perdí fue a mí mismo y a mi dignidad como persona.
Cada vez era más difícil controlar mi consumo de alcohol, hasta que un día sufrí un accidente de trabajo -casi me costó el puesto de trabajo- y ahí empecé a reflexionar sobre mi problema con el alcohol.
Dejé de beber unos días pero volví a beber de nuevo, y con mayor ansiedad e intensidad. Luego me di cuenta que yo sólo no podía salir de este pozo, y que tenía que hablar con alguien de confianza. Sin pensarlo acudí a la única persona en quien confío y que me había ayudado mucho en el pasado: Salvador, presidente de ACOMAR.
Le conté todo lo que me estaba pasando, y él me preguntó si estaba dispuesto a dejar el alcohol y a combatir todas las tentaciones. Me avisó que el camino iba a ser largo y muy duro. Desde aquel momento empezó todo, y con las charlas diarias que tengo con él y el tratamiento médico de la UCA, empecé poco a poco a superar la etapa de confusión y pérdida, y Salvador siempre me insistía en que tengo que ser humilde y buscar la paz en mi interior, saber controlar mis actitudes por mucho daño que me haya hecho el alcohol, y siempre ante cualquier problema refugiarme en nuestro señor Jesucristo.
Estoy muy agradecido por la acogida, dedicación y calidad humana prestada por Salvador, Mercedes y todos los voluntarios de ACOMAR. No tengo palabras suficientes para transmitirles a todos ustedes mi más sincero agradecimiento. En ACOMAR sentí la verdadera pertenencia a una gran familia Cristiana unida.
Otra vez gracias por querer vivir conmigo estos momentos difíciles y complicados de mi vida.
GRACIAS SEÑOR.
Y cuando esa persona se junta con malas compañías y vive en un entorno que no le ayuda a salir de ese pozo, pues solo le queda que aparezca la ayuda divina.
Una mañana me levanté sin ser capaz de recordar nada de lo ocurrido en la noche anterior y no sabía cómo había llegado a mi habitación. Me asusté -era mi primera amnesia alcohólica- pero luego no le di mucha importancia, creía que era algo normal después de beber mucho alcohol. Pero empecé a sufrirlas más frecuentemente, cada vez que me pasaba me sentía mal, aparte de que perdía cosas o me pasada algo, hasta que llegué a perderlo todo: “mis documentos, mi dinero, mi teléfono, etc.”. Pero lo más valioso que perdí fue a mí mismo y a mi dignidad como persona.
Cada vez era más difícil controlar mi consumo de alcohol, hasta que un día sufrí un accidente de trabajo -casi me costó el puesto de trabajo- y ahí empecé a reflexionar sobre mi problema con el alcohol.
Dejé de beber unos días pero volví a beber de nuevo, y con mayor ansiedad e intensidad. Luego me di cuenta que yo sólo no podía salir de este pozo, y que tenía que hablar con alguien de confianza. Sin pensarlo acudí a la única persona en quien confío y que me había ayudado mucho en el pasado: Salvador, presidente de ACOMAR.
Le conté todo lo que me estaba pasando, y él me preguntó si estaba dispuesto a dejar el alcohol y a combatir todas las tentaciones. Me avisó que el camino iba a ser largo y muy duro. Desde aquel momento empezó todo, y con las charlas diarias que tengo con él y el tratamiento médico de la UCA, empecé poco a poco a superar la etapa de confusión y pérdida, y Salvador siempre me insistía en que tengo que ser humilde y buscar la paz en mi interior, saber controlar mis actitudes por mucho daño que me haya hecho el alcohol, y siempre ante cualquier problema refugiarme en nuestro señor Jesucristo.
Estoy muy agradecido por la acogida, dedicación y calidad humana prestada por Salvador, Mercedes y todos los voluntarios de ACOMAR. No tengo palabras suficientes para transmitirles a todos ustedes mi más sincero agradecimiento. En ACOMAR sentí la verdadera pertenencia a una gran familia Cristiana unida.
Otra vez gracias por querer vivir conmigo estos momentos difíciles y complicados de mi vida.
GRACIAS SEÑOR.
miércoles, 10 de agosto de 2016
TESTIMONIO DE UNA VOLUNTARIA A LOS 6 MESES DE ENTRAR EN ACOMAR
Hace seis meses que tuve la gran fortuna de entrar a formar parte de la pequeña o gran familia de Acomar.
El Señor, nos va llamando a lo largo de nuestra vida para colaborar con Él. Unas veces aquí, otras allá, otras más allá….pero siempre que hay una llamada, debe haber una respuesta.
En mi caso, una respuesta desde el Evangelio y, aunque esta respuesta me llevó años darla, creo que se dió en el momento en el que estaba madura para poder dar el paso.
En ningún momento sentí inquietud, ni nerviosismo ante algo que, para mí era desconocido. Al contrario, había mucha paz y una inmensa ilusión.
Fui acogida con los brazos abiertos tanto por Salvador y Mercedes, cómo por los voluntarios que llevaban ya muchos años colaborando con este precioso proyecto.
Desde el primer día tomé conciencia de lo que significaba el inmenso campo de la pobreza y, por esa razón, sentía que tenía que “descalzar el alma, porque lo que tenía delante era terreno sagrado”.
Y así, empieza una nueva etapa en mi vida. Tengo ante mí todo un reto. Personas con rostro concreto, con nombre propio y con historias dolorosas y lacerantes que, han sido acogidas en Acomar, para curar sus heridas y acompañarlas en su proceso para recuperar su dignidad. Ser escuchadas, queridas, acompañadas. Personas que ya han dejado de ser “invisibles”.
Estos meses han sido de aprendizaje contínuo. Cada tarde es un nuevo descubrimiento, es una nueva experiencia. Es descubrir que el ser humano puede caer muy bajo, pero que, también, con un inmenso amor, puede ser levantado y abrazado para emprender un largo camino de esperanza.
Acomar, no se puede entender si dejamos a un lado a la Providencia Divina. Esta Providencian que, ha acompañado a Salvador y a Mercedes a lo largo ya de 26 años.
Ellos creyeron en el Evangelio y que, de la mano de Jesús y de su madre, María era posible sentarse al lado de los que nada tenían y empezar dando todo lo que tenían: “un bocadillo y un café con leche”. Pero, seguros que eso se multiplicaría y se haría realidad: “dadles vosotros de comer”.
He podido reflexionar a lo largo de estos meses para darme cuenta que hay proyectos que sólo pueden venir de Dios. Ya lo dice Hechos de los Apóstoles: “dejad a estos hombres, si es obra suya se deshará, pero si es de Dios no tenéis nada que hacer”.
Cómo se puede permanecer 26 años, llenos de problemas y dificultades si esta empresa no la lleva el Señor?.
Esto en cuánto a lo material. Tener recursos suficientes para atender a tantísimas personas, cada día, cada semana, cada año y así hasta 26!!!.
Pero la parte más hermosa es la de poder mirar a cada acogido y saber que ahí está Jesús. Con ese sufrimiento concreto, con esa lucha diaria para no volver a caer, para volverse a levantar…porque siempre habrá alguien que le dirá con un inmenso cariño: “venga levanta y vamos a intentarlo juntos”.
Cada bolsa que se prepara, cada tarrina que se envuelve, tiene como destino una persona concreta, con sus luces y sus sombras.
El primer día cuándo volvía para mi casa quería recordar cada cara, cada sonrisa, cada “gracias” que, había recibido esa tarde.
Cada semana se nos informa de cómo van los procesos y yo intentaba ponerle nombre a la cara. Necesitaba acercarme a los acogidos sabiendo que detrás de cada sonrisa que me dirigían había todo un camino recorrido y mucho dolor acumulado.
Después de estos meses ya puedo llamar a cada uno por su nombre. Hablo con cada uno de sus aficiones y la sonrisa y el gracias es mutuo. Ya no es un grupo de personas. Es el mismo Jesús en cada uno de ellos.
Y esta experiencia es un gran regalo del Señor. No por méritos propios sino porque cada día nos sorprende con la novedad de su Amor. Y este regalo se mete hasta lo más profundo del ser y es ahí dónde se produce la maravilla del “encuentro” que, ya no tiene barreras y cada nombre se paladea con dulzura porque ya son “visibles en el corazón”. Gregorio, Alejandro, Pedro, Jorge, José….
Y esta hermosa experiencia la abraza con infinito amor, María, nuestra madre que, nos va susurrando al corazón cómo una suave brisa: HACED LO QUE ÉL OS DIGA”. Conchi (voluntaria de Acomar)
El Señor, nos va llamando a lo largo de nuestra vida para colaborar con Él. Unas veces aquí, otras allá, otras más allá….pero siempre que hay una llamada, debe haber una respuesta.
En mi caso, una respuesta desde el Evangelio y, aunque esta respuesta me llevó años darla, creo que se dió en el momento en el que estaba madura para poder dar el paso.
En ningún momento sentí inquietud, ni nerviosismo ante algo que, para mí era desconocido. Al contrario, había mucha paz y una inmensa ilusión.
Fui acogida con los brazos abiertos tanto por Salvador y Mercedes, cómo por los voluntarios que llevaban ya muchos años colaborando con este precioso proyecto.
Desde el primer día tomé conciencia de lo que significaba el inmenso campo de la pobreza y, por esa razón, sentía que tenía que “descalzar el alma, porque lo que tenía delante era terreno sagrado”.
Y así, empieza una nueva etapa en mi vida. Tengo ante mí todo un reto. Personas con rostro concreto, con nombre propio y con historias dolorosas y lacerantes que, han sido acogidas en Acomar, para curar sus heridas y acompañarlas en su proceso para recuperar su dignidad. Ser escuchadas, queridas, acompañadas. Personas que ya han dejado de ser “invisibles”.
Estos meses han sido de aprendizaje contínuo. Cada tarde es un nuevo descubrimiento, es una nueva experiencia. Es descubrir que el ser humano puede caer muy bajo, pero que, también, con un inmenso amor, puede ser levantado y abrazado para emprender un largo camino de esperanza.
Acomar, no se puede entender si dejamos a un lado a la Providencia Divina. Esta Providencian que, ha acompañado a Salvador y a Mercedes a lo largo ya de 26 años.
Ellos creyeron en el Evangelio y que, de la mano de Jesús y de su madre, María era posible sentarse al lado de los que nada tenían y empezar dando todo lo que tenían: “un bocadillo y un café con leche”. Pero, seguros que eso se multiplicaría y se haría realidad: “dadles vosotros de comer”.
He podido reflexionar a lo largo de estos meses para darme cuenta que hay proyectos que sólo pueden venir de Dios. Ya lo dice Hechos de los Apóstoles: “dejad a estos hombres, si es obra suya se deshará, pero si es de Dios no tenéis nada que hacer”.
Cómo se puede permanecer 26 años, llenos de problemas y dificultades si esta empresa no la lleva el Señor?.
Esto en cuánto a lo material. Tener recursos suficientes para atender a tantísimas personas, cada día, cada semana, cada año y así hasta 26!!!.
Pero la parte más hermosa es la de poder mirar a cada acogido y saber que ahí está Jesús. Con ese sufrimiento concreto, con esa lucha diaria para no volver a caer, para volverse a levantar…porque siempre habrá alguien que le dirá con un inmenso cariño: “venga levanta y vamos a intentarlo juntos”.
Cada bolsa que se prepara, cada tarrina que se envuelve, tiene como destino una persona concreta, con sus luces y sus sombras.
El primer día cuándo volvía para mi casa quería recordar cada cara, cada sonrisa, cada “gracias” que, había recibido esa tarde.
Cada semana se nos informa de cómo van los procesos y yo intentaba ponerle nombre a la cara. Necesitaba acercarme a los acogidos sabiendo que detrás de cada sonrisa que me dirigían había todo un camino recorrido y mucho dolor acumulado.
Después de estos meses ya puedo llamar a cada uno por su nombre. Hablo con cada uno de sus aficiones y la sonrisa y el gracias es mutuo. Ya no es un grupo de personas. Es el mismo Jesús en cada uno de ellos.
Y esta experiencia es un gran regalo del Señor. No por méritos propios sino porque cada día nos sorprende con la novedad de su Amor. Y este regalo se mete hasta lo más profundo del ser y es ahí dónde se produce la maravilla del “encuentro” que, ya no tiene barreras y cada nombre se paladea con dulzura porque ya son “visibles en el corazón”. Gregorio, Alejandro, Pedro, Jorge, José….
Y esta hermosa experiencia la abraza con infinito amor, María, nuestra madre que, nos va susurrando al corazón cómo una suave brisa: HACED LO QUE ÉL OS DIGA”. Conchi (voluntaria de Acomar)
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