Hoy queremos hablaros de la oportunidad que nos ofrece la cuarema para renovar nuestro interior, nuestros sentimientos, nuestras actitudes diarias.
Hay que dar paso a los acogidos, pero cada vez hay más pobres que están en la calle.
A nuestro alrededor hay infinidad de personas que están "hambrientas" de gestos, de actitudes, de detalles, de ternura, de afectos, de sorrisas... y nadie se los da.
No somos capaces de compartir. No compartimos porque solamente nos miramos hacia nosotros mismos...
Siempre vamos con prisas y siempre... A mi casa, a mi trabajo, a mi coche, a mi ocupación, a mi necesidad, a mi familia, a mi diversión, a mi negocio... Siempre miramos hacia MI, siempre hacia mi YO. Nunca tenemos tiempo de pararnos un poco a nuestro alrededor, para ver y escuchar las necesidades, angustias, sufrimientos, fracasos del otro, el cual puede estar a mi lado y en silencio. Y entonces nos justificamos... "¡Va!, es un desgraciado", "Es un vago", "es un degenerado", "es un alcoholico", "es un drogata", "es un inmigrante", "es un sin papeles", "es un sin..., un sin..." y nos justificamos etiquetándolos.
Como están etiquetados, ya estamos tranquilos, "Esos no son de los mios". Ya estamos otra vez en lo MIO. No llegamos al TÚ. Nos quedamos en el MI.
Si algún día pudiéramos caminar con el TÚ de la persona que tenemos al lado, nuestro MI ya no sería Nuestro, seria SUYO.
Es entonces cuando nuestro YO, encontraría la auténtica felicidad, porque estamos haciendo feliz a TU YO.
Si nos privamos de nuestro YO, daremos vida a Tu YO. Es entonces cuando dos personas que caminan juntas hacía su encuentro, sus huellas nunca se borran.
Es cuaresma, el momento de empezar con este movimiento personal. Súmate a la causa y ayuna de todas los egoismos y características negativas que nos rodean.
jueves, 11 de febrero de 2016
martes, 2 de febrero de 2016
26º ANIVERSARIO DE ACOMAR.
Dos voluntarios de ACOMAR, matrimonio, quiso el Señor que recibieran una formación en la fe durante doce años en una pequeña Comunidad del Neocatecumenado Diocesano en la parroquia de la Inmaculada Concepción de Alicante. En este proceso conocieron el AMOR que Dios nos tiene, se creyeron este mensaje de Jesucristo que nos dice “ Buscad, primero el reino de Dios y su justicia y todo lo demás se os dará por añadidura”. (Mt. 6, 33) y comenzaron a ponerlo en práctica por las calles de Alicante, el día 2 de Febrero de 1990, en que fue acogida la primera persona. Así de sencillo nació esta Asociación Comunidad que lleva gracias al Señor 26 años junto a las personas muy muy pobres. Entendieron que el reino de Dios está en la presencia viva y real de Jesucristo resucitado y que el reinado de Dios lo inauguró el mismo Jesucristo atendiendo, sirviendo, ayudando, amando y dando la cara por las personas más pobres y necesitadas… que son las propietarias de ese reino de Dios. “ Dichosos vosotros los pobres porque vuestro es el reino de Dios” (Lc.6,20).
En estos años el número de personas que necesitan ayuda de toda clase ha aumentado. No han nacido en esta crisis. Ya estas personas tienen sus propias crisis, que las tienen enraizadas en el inmenso campo de la pobreza. Son sus situaciones. El campo de la pobreza es enorme.
En ACOMAR, que nos sentimos Iglesia, atendemos y servimos diariamente a los colectivos de personas; unas en riesgo de exclusión y otras ya excluidas: mendigos, inmigrantes, desnutridos, sin techo, paralíticos, enfermos/as mentales… algunas de estas personas con temas de dependencias: alcohol, drogas, ludopatía… y otras con total abandono personal. ¡Tremenda injusticia el sufrimiento de estas personas!. Y todo lo llevan en silencio y careciendo de lo más necesario para vivir no solamente un mes ni una semana, sino cada día.
La pobreza de los años 90, cuando comenzamos, no es la misma que la de ahora. Antes era asistencialista. Ahora nos piden, o mejor dicho nos exigen mucha más ayuda para poder acompañarlas a ir saliendo de sus situaciones y a la vez e ir cortando poco a poco sus raíces que las tienen atadas al inmenso campo de la pobreza.
En ACOMAR, desde su voluntariado, unas 90 personas, la mayoría jóvenes, estamos vocacionados y organizados, gracias a Dios, para ayudar, servir, atender y AMAR, diariamente, y con hechos a estas personas. Lo nuestro no es dar por dar, solamente, sino ayudar mediante el proceso que a cada persona, según sus raíces, le corresponde y de forma voluntaria, a que poco a poco vaya saliendo de su situaciones y vaya teniendo su dignidad. No se puede perder ni un día el trabajo con ellas. El trabajo ha de ser permanente, para atender sus necesidades. Lo mismo que nosotros podemos tener nuestras necesidades cubiertas también han de estar cubiertas las de ellas. Mientras estamos atendiendo a estas personas la pobreza disminuye, mientras nos quedamos sin atenderlas, la pobreza aumenta.
Actualmente estamos atendiendo un promedio de 70 personas.
La atención ha de ser integral, es decir atender las necesidades del cuerpo y las del alma. Ya que estas personas, son tan personas como tú y como yo. Si solamente atendemos, como lo hacemos, las necesidades físicas, de atención primaria; alojamiento, alimentación, atención médica, quien la necesite, higiene, ocupación laboral…. nos quedamos a mitad de camino. Tenemos que llegar a “curar” también las “heridas” internas de su YO. Para eso hay que escuchar sus lamentos. Nuestra experiencia es que la persona cuando se siente escuchada, respetada, querida, AMADA… su YO responde y lleva el proceso, con sumo interés. No le pongamos tiempo. No tengamos prisas, ya la persona irá hablándonos desde su sonrisa, su libertad y sus sentimientos. Nuestra experiencia es que la persona ha de nacer desde dentro hacia fuera. Cuando se lucha, se trabaja y se da la cara en nuestra sociedad por estas personas para que vayan teniendo su dignidad, ahí está el reino de Dios.
Ya más adelante, intentaré continuar hablando desde aquí, sobre estos temas. Gracias a Dios hemos llegado a estos 26 años.
En estos años el número de personas que necesitan ayuda de toda clase ha aumentado. No han nacido en esta crisis. Ya estas personas tienen sus propias crisis, que las tienen enraizadas en el inmenso campo de la pobreza. Son sus situaciones. El campo de la pobreza es enorme.
En ACOMAR, que nos sentimos Iglesia, atendemos y servimos diariamente a los colectivos de personas; unas en riesgo de exclusión y otras ya excluidas: mendigos, inmigrantes, desnutridos, sin techo, paralíticos, enfermos/as mentales… algunas de estas personas con temas de dependencias: alcohol, drogas, ludopatía… y otras con total abandono personal. ¡Tremenda injusticia el sufrimiento de estas personas!. Y todo lo llevan en silencio y careciendo de lo más necesario para vivir no solamente un mes ni una semana, sino cada día.
La pobreza de los años 90, cuando comenzamos, no es la misma que la de ahora. Antes era asistencialista. Ahora nos piden, o mejor dicho nos exigen mucha más ayuda para poder acompañarlas a ir saliendo de sus situaciones y a la vez e ir cortando poco a poco sus raíces que las tienen atadas al inmenso campo de la pobreza.
En ACOMAR, desde su voluntariado, unas 90 personas, la mayoría jóvenes, estamos vocacionados y organizados, gracias a Dios, para ayudar, servir, atender y AMAR, diariamente, y con hechos a estas personas. Lo nuestro no es dar por dar, solamente, sino ayudar mediante el proceso que a cada persona, según sus raíces, le corresponde y de forma voluntaria, a que poco a poco vaya saliendo de su situaciones y vaya teniendo su dignidad. No se puede perder ni un día el trabajo con ellas. El trabajo ha de ser permanente, para atender sus necesidades. Lo mismo que nosotros podemos tener nuestras necesidades cubiertas también han de estar cubiertas las de ellas. Mientras estamos atendiendo a estas personas la pobreza disminuye, mientras nos quedamos sin atenderlas, la pobreza aumenta.
Actualmente estamos atendiendo un promedio de 70 personas.
La atención ha de ser integral, es decir atender las necesidades del cuerpo y las del alma. Ya que estas personas, son tan personas como tú y como yo. Si solamente atendemos, como lo hacemos, las necesidades físicas, de atención primaria; alojamiento, alimentación, atención médica, quien la necesite, higiene, ocupación laboral…. nos quedamos a mitad de camino. Tenemos que llegar a “curar” también las “heridas” internas de su YO. Para eso hay que escuchar sus lamentos. Nuestra experiencia es que la persona cuando se siente escuchada, respetada, querida, AMADA… su YO responde y lleva el proceso, con sumo interés. No le pongamos tiempo. No tengamos prisas, ya la persona irá hablándonos desde su sonrisa, su libertad y sus sentimientos. Nuestra experiencia es que la persona ha de nacer desde dentro hacia fuera. Cuando se lucha, se trabaja y se da la cara en nuestra sociedad por estas personas para que vayan teniendo su dignidad, ahí está el reino de Dios.
Ya más adelante, intentaré continuar hablando desde aquí, sobre estos temas. Gracias a Dios hemos llegado a estos 26 años.
miércoles, 13 de enero de 2016
CARTA DE JOSEFA, LA VOLUTARIA
Salvador juntamente con Mercedes, fundadores de ACOMAR, me
han preguntado: ¿Cómo percibo el ambiente de estos días de Navidad con las personas
Acogidas, por ACOMAR, las cuales se encuentran
en situaciones precarias?
A continuación voy a dar ni impresión sobre ésto.
Primero, voy a
explicar de qué manera quería sentirme
útil en Alicante y como conocí a ACOMAR.
Vivía en Niza (Francia), donde fui voluntaria en las urgencias del Hospital
de SAINT ROCH y en una residencia de ancianos, muy conocida en Niza.
En dicha residencia fui presidenta de una asociación durante seis años, creada para
ayudar a los residentes necesitados y organizar actividades, conciertos,
reuniones… Todo esto con el fin de recaudar fondos, gracias a la ayuda de unos
40 voluntarios y voluntarias, conseguimos dar “otro aire” a la FUNDATION
PAULIANI.
Como he dicho anteriormente, era muy importante para mí
encontrar algo que me permitiera hacer voluntariado. También colaboro con la
Asociación Española Contra el Cáncer y visito a los enfermos.
¿Cómo conocí a Mercedes y a Salvador? Muy sencillo. Dios
puso en mi camino a una persona voluntaria de ACOMAR hace algunos años… ¡y aquí
estoy!
¿Los sin techo?... Más pobres que los pobres. He conocido a
personas pobres pero con techo donde cobijarse, sin embargo los “sin techo” no
tienen NADA, NADA, NADA. Por circunstancias de la vida se encuentran en la
calle, desamparados.
Gracias a ACOMAR, recuperan su dignidad.
Siempre que es posible, ACOMAR les da alojamiento, ropa, comida, pero más
que nada ACOMAR, les ayuda a superar sus
angustias, a recuperar su estima personal y salir del “hoyo” donde cayeron y de
alguna manera ser considerados como todo ser humano tiene derecho a serlo
ACOMAR, no juzga a
nadie
Estos días de fiesta, como son Navidad y Año Nuevo, tuve el
privilegio de estar con los Acogidos, sirviéndolos en el comedor, decorado por algunos
voluntarios. Estuve rodeada de personas agradables, que olvidaron
por un tiempo sus problemas y disfrutaron de esos momentos de convivencia, con
la gran familia de ACOMAR.
¡Lástima que no se puedan empujar las paredes para acoger a
más personas necesitadas que están fuera! Aunque para estas personas nunca
faltan las bolsas de comida y diálogos.
En ACOMAR se nota que los Acogidos se sienten comprendidos y ayudados después de su
travesía en el desierto…
En ACOMAR, van todos los
días voluntarios voluntarias por la mañana y por la tarde acompañan a
Mercedes para preparar las comidas, organizar, repartir ropa,…, hace una labor
increíble. Luego también se atienden a estas personas en el
seguimiento permanente de sus casos.
Espero que ACOMAR pueda seguir adelante, dando gracias a
Dios y a la Providencia.
Gracias a Mercedes, gracias a Salvador por acoger con tanto
cariño a la hispano/francesa que soy. Os quiero. Josefa.
miércoles, 30 de diciembre de 2015
NOCHEBUENA EN ACOMAR
Llegaba la tarde y con ella todos los preparativos del voluntariado para poder celebrar en ACOMAR la Nochebuena con todas las personas muy muy pobres, tanto Acogidas como Atendidas, que diariamente servimos y atendemos en nuestra Casa de Acogida y Seguimiento. El voluntariado, ya estaba comprometido en traer cada cual lo que pudiera de alimentos para compartirlo, con estas personas. Mientras los/as jóvenes traían del almacén las mesas para colocarlas en el salón comedor de nuestra Casa, y las sillas, los mayores preparan en nuestra pequeña cocina el orden de los platos bien, pero bien repletos de comida especial para compartirla con estas personas muy muy pobres.
Todo no era activismo, porque si nos quedamos en eso, nos convertimos en robot. En ACOMAR, no hay robots. Se trabaja, se escucha, se comparte, se sufre…pero siempre dejándole sitio al corazón y cuando el corazón habla AMA.
Pues bien, ya estaba todo preparado. Sobre las siete de la tarde comenzaron a llegar estas personas. Todos, todos en esta Nochebuena no reunimos para celebrarla con nuestros seres más queridos. Ellas venían a celebrarla con sus seres queridos, sus amigos de ACOMAR. En su rostro se reflejaba, como todos los días, la certeza de que en esta Casa se les AMA. Ocuparon sus sitios. Se le habló del motivo de nuestra celebración. Se les proclamó la Palabra de Dios en el apartado de referencia al Nacimiento de Jesús. Y comenzó la cena. Tenemos personas de diferentes costumbres, cultura, religiones… pero se notaba que el Dios que nacía era el mismo Dios de todos. No había distinción, ni categoría. Solamente había una cosa en común el compartir, no solamente la comida, sino lo más importante el diálogo y el AMOR. Nadie era extranjero. Todos hermanos.
Luego llegó el momento de los villancicos. Un coro de voluntarios con sus guitarras nos animaron a compartir los cánticos y al final, lo más bello, el testimonio, que sale del corazón de las personas muy muy pobres, de cómo llegaron a ACOMAR y cómo está recuperándose y logrando su dignidad. Por último el testimonio del voluntariado. Se habló tanto jóvenes como mayores de su gran vocación al servicio de estas personas, durante todo el año, que se lo merecen todo, llegando a la conclusión de que es mucho más lo que recibimos de ellas, que lo que nosotros podamos darle. ACOMAR, escuela de vida, dando vida.
Todos tuvimos un recuerdo, una oración por nuestra querida María Roca (q.e.p.d) que tal día, hace un año, fue la última vez que nos visitó en ACOMAR, para estar con estas personas muy muy pobres y su recuerdo y su presencia está con nosotros. El pensamiento más profundo que reinaba en el corazón de cada voluntario/a, en silencio era dar gracias a Dios porque habíamos celebrado la gran eucaristía de compartir todo lo que tenemos con el mismo Jesucristo en la persona de cada pobre..¿ “Cuando te vimos”. “Cuando te ayudamos”?… Cada vez que lo hiciste con uno de éstos más pobres a mí me lo hiciste”. Al terminar y recogíamos todo mirábamos al Niño Jesús de nuestro Belén en ACOMAR y sonreía y su padre y su madre nos miraban. Nos daban su PAZ. ¡Qué mejor regalo de Navidad!.
Salvador.
martes, 22 de diciembre de 2015
Testimonio XVII "Cuando la vida sea dura y te sientas derribado, piensa en tu familia y busca soluciones"
Hoy os ofrecemos un testimonio del cofundador de ACOMAR, Salvador Silva, cargado de emoción y hambre de futuro:
Esta persona llegó a nosotros desde Europa del Este, como tantas y tantas que diariamente se acercan de otros continentes y lugares de nuestra España buscando solución a los grandes problemas que plantean en su vida las carencias de los recursos más elementales. Son aparentemente mundos completamente “rotos”, inútiles, derribados… lo sufren todo en silencio y desesperanza, que son las enfermedades más crueles que sufre. Pues bien, si te acercas a los supuestamente “escombros” de ese mundo, puedes escuchar alguna palabra que pide ayuda. Si comienzas a quitar “escombros” lenta y permanentemente, no ocasionalmente, verás que allí hay vida y alguien que te pide vida. Si compartes tu vida, comienzas a construir en la persona un mundo nuevo de alegría, de esperanza, de libertad… “Tuve hambre y me diste de comer,… estaba abandonado/a y me acogiste, estaba “preso” de las drogas, del alcohol, del abandono personal… y me liberaste” (Mt.25). Así de sencillo.
Para esta persona los caminos de la vida, en su país, fueron leves. Vivía con su esposa, su familia y su hijo menor de edad. Tenían su trabajo y su vida normal. Llegó el momento en que cambiaron los tiempos y fueron perdiendo todos los valores materiales y financieros recogidos hasta entonces. Gracias a Dios, no perdieron los valores espirituales. Aún los conservan, según nos comenta, incluso se le han reforzado al ir caminando desde su pobreza al lado de ACOMAR.
Con unos ahorros que tenían decidieron venir a España y hospedarse en casa de un familiar en un pequeño pueblo de Albacete. Tantos los recursos económicos como los alimentos eran escasos. No podía consentir que se pasaran estrecheces, y menos su hijo. Al día siguiente se puso a buscar trabajo. Y al siguiente y al siguiente… No encontró. Tuvo que dejar la familia y marcharse a la aventura...por diferentes provincias, realizando algunos trabajos, mal pagados, con escasa alimentación y sin techo. Todo lo que ganaba lo mandaba a la familia. Así estuvo varios meses.
Llegó a Alicante muy cansado. Permaneció dos días sentado en un parque público, comiendo de las reservas que tenía, pan duro. Le pedía a Dios que le ayudase, que le ayudase, que no perdiera la esperanza. No podía derrumbarse. Tenía que volar como un águila. Recordaba la frase que su padre le dijo un día: “Hijo cuando la vida te sea dura y te sientas derribado, piensa en tu familia y busca soluciones.” No conocía Alicante. Se puso en marcha, caminando. No sabe cuánto tiempo. Encontró una casa con ventanas grandes pintado todo de blanco. Allí, alguien le había comentado que podía encontrar algo de comida. Llamó a la puerta y una mujer le preguntó con mucha cortesía y cariño: Hijo, ¿Qué le está ocurriendo?. ¿Qué necesita?. Eran las primeras palabras, que en varios meses, fuera de su familia, oía con mucha amabilidad y ternura. Le explicó un poco su caso y le dijo: No se marche que aunque hemos terminado hoy le voy a dar alimentación y una manta porque veo que tiene frío. Y así lo hizo. Le dijo más: venga mañana para tratar su tema a fondo con otros compañeros de la Asociación, que le podremos ayudar. Al día siguiente llegó a nosotros en muy malas condiciones, tanto externas como internas. Nos narró todo lo anteriormente expuesto y más. El sufrimiento lo ahogaba, la soledad lo invadía, él quería salir de su situación pero no podía, la tristeza interior lo hundía en un vacío profundo… le faltaban palabras para contar lo pasado y lo presente. Su única esperanza era salvar a su familia y estar con su mujer y su hijo. Le dijimos palabras de consuelo, de ternura, de afecto y comprensión, y se le dijo: “No te aflijas más. Para llegar a un final feliz, primero cuídate a ti mismo y déjate ayudar”. Lloraba de alegría. ¿Quieres nuestra ayuda?. Y nos respondió: Por Dios, ayudadme.
De seguida estudiamos el caso y vimos que estaba lleno de heridas tanto externas como internas. Aquel hombre no podía sufrir más. Su YO vivía un vacío interior profundo. Estaba con los” pies arrastras“. Le faltaba autoestima. Tenía desorden interno. Desmotivación. Desconfianza en sí mismo. Miedos, agobios… y un sufrimiento enorme. Todo eso y más había que curarlo. El vacío interior profundo había que llenárselo con sentimientos de ternura, comprensión, cariño, escucha… Le dimos todos los servicios de atención primaria: (alojamiento, alimentación, higiene…) y se puso en comunicación con su familia. Y nosotros también. Ya nos contaron la situación de marginación que estaban viviendo y especialmente su hijo, menor de edad. La mujer nos daba las gracias porque habíamos acogido a su marido. Le comunicamos que pronto estarían juntos en Alicante. Y así fue. Su marido fue a recogerlos. Cuando llegaron a ACOMAR fue un día precioso, cargado de alegría. Le encontramos un alojamiento cerca de ACOMAR, donde viven.
Al principio era la Asociación la que estaba al frente de todo, pero poco a poco, durante el proceso correspondiente y el seguimiento de su caso, comenzaron a desaparecer las “heridas” internas. Hoy, gracias al Señor, la mujer y el marido están trabajando con su nómina, hablan bien el castellano, se defienden y su hijo está escolarizado. Ya ellos, se administran y están al frente de sus gastos, pero aún continúan con nosotros ya que nos piden que le sigamos ayudando en reforzar en su familia, los valores espirituales.
Desde el voluntariado seguimos diariamente atendiendo, sirviendo, dando… a un promedio diario de 70 personas muy pobres.
Amigos/as: erradicar la pobreza es seguir luchando, cada día, no ocasionalmente, sino permanentemente junto a estas personas para “cortar” la raíz de su pobreza; y devolverles su dignidad. Todo para dar ¡Gloria a Dios! Porque la Obra es Suya.
Si alguien quiere colaborar: SABADELLCAM- Nº CTA:ES91-0081-1347-99-0006095016.
jueves, 17 de septiembre de 2015
Carta del presidente de ACOMAR: "Esto no es para mí, porque yo no soy pobre"
El cofundador de ACOMAR, Salvador Silva, escribe esta emotiva carta, para despertar la conciencia de la solidaridad y la ayuda fraterna entre todos nosotros:
Para muchas personas, los caminos de la vida son largos y difíciles de realizar, y más si están repletos de carencias, sufrimientos, situaciones inesperadas…Les voy a contar la historia de alguien que había recorrido un camino muy duro para, al fin, disfrutar de una vida estable y acomodada. Algunas tardes paseaba por nuestro barrio y veía como muchas personas se acercaban a nuestra casa. En un primer momento creyó que se trataba de un club social, pero tras acercarse a saciar su curiosidad, descubrió que éramos una organización que ayudaba a los pobres.
Conoció nuestra labor y a los voluntarios que trabajan con nosotros. Recuerdo que le pareció muy bien lo que hacíamos, pero dijo: "Esto no es para mí, porque yo no soy pobre".
Sin más preámbulos abandonó nuestra casa, continuó su paseo y se olvidó por completo de ACOMAR.
Un buen día llegó al trabajo y se encontró con las puertas cerradas: le habían despedido. A partir de entonces y a pesar de que empapeló la ciudad entera con su currículum y sus ganas de trabajar, no encontró nada; y el desempleo se convirtió en el dueño absoluto de su vida. Sus amistades, sus ratos de ocio, todo fue desapareciendo poco a poco. Se le acabaron sus ahorros y dejó de pagar una casa que no podía mantener. Finalmente, se encontró con la peor de las desgracias: vivir en la calle.
Sin embargo, recordó aquella tarde en la que conoció la obra de ACOMAR y se encaminó hacia ella.
Al principio le costó entrar...pues a pesar de que había recorrido caminos tortuosos a lo largo de su vida, nunca se había enfrentado al peor de todos: la pobreza.
Tras un tiempo en el que solo acudía a nosotros a por su diaria bolsa de comida, se decidió a formar parte de nuestros "acogidos". Todavía recuerdo como si fuera ayer las primeras entrevistas que mantuvimos con él: vivía anclado en el pasado y se negaba a afrontar su nueva realidad. Se negaba a darse cuenta de que se había convertido en una persona pobre.
Sin capacidad de abrirse a los demás y de luchar por una vida nueva, le ofrecimos nuestros servicios básicos de Atención Primaria: alojamiento, alimentación e higiene. Aunque éramos conscientes de que no podíamos quedarnos en la superficie, sino que debíamos profundizar en su corazón para curar sus heridas.
Costó tiempo, pero al final conseguimos ayudarle a que se aceptase a sí mismo; y luchase con fuerza y coraje para salir de su situación de pobreza. Aunque estuvimos a su lado en todo momento, él fue el verdadero responsable de su curación. Él solo se liberó de las ataduras que le mantenían anclado en el pasado; y recuperó la fe y las ganas de vivir.
Estamos orgullosos de contaros que terminó su proceso y hoy en día está totalmente integrado en la sociedad. Sigue colaborando con ACOMAR y sabe que para nosotros es parte de nuestra familia.
Este y otros casos los hemos seguido tratando durante el verano. Nuestra casa ha permanecido abierta, como siempre, durante los días de descanso. Hoy quiero dar gracias al voluntariado, siempre comprometido, a Dios, por no abandonarnos nunca; y a todos los colaboradores que facilitan el trabajo y cumplen a la perfección uno de nuestros lemas preferidos: “En ACOMAR no nos vamos de vacaciones, porque el hambre y la pobreza no tienen vacaciones.”
viernes, 22 de mayo de 2015
Testimonio de un acogido: "Recomponiendo una guitarra" (Capítulo II)
Sabíamos que esta vez nos había tocado un caso muy complicado, pero a pesar de las dificultades y del resto de personas a las que también debíamos atender, nunca nos rendimos.
De mutuo acuerdo con nuestro acogido, acordamos que comenzase su proceso de rehabilitación en la Unidad de Conductas Adictivas (UCA) mientras nosotros dábamos cobertura a sus servicios básicos (alimentación, alojamiento, etc).
De esta forma, se comprometió a abandonar su anterior vida, aunque durante el tiempo que duró su rehabilitación tuvo ciertas recaídas y ganas de renunciar al proceso. Pero él tampoco desistió y siguió adelante.
Os comentábamos en el anterior capítulo que nos gustaba comparar su vida con una guitarra y pronto nos dimos cuenta de que, paso a paso, estábamos recomponiendo sus cuerdas más debilitadas.
Para reparar algunas de ellas tuvimos que ahondar en lo más profundo de su corazón y buscar la cura a viejas heridas que todavía permanecían sin cicatrizar. Cuando consiguió liberarse de ellas, el peso era menor y la luz de una nueva vida cada vez le parecía más próxima.
Hubo un momento en el que percibimos que nuestro acogido se sentía más alegre y contento consigo mismo; y fue justo en ese instante cuando dimos un paso muy importante: le invitamos a que recuperase la relación con su familia. Rezamos mucho para que todo saliese bien y al final obtuvimos muy buenos resultados. Las llamadas telefónicas iniciales dieron paso a bonitos encuentros, hasta que al final llegó el día en el que se reencontró con su hijo.
Nunca olvidaremos lo feliz que le hacían estos encuentros. Parecía que poco a poco se había convertido en otra persona: en un ser alegre, que transmitía ganas de vivir y siempre estaba dispuesto a ayudar a los demás. Sin darnos cuenta comprendimos que hacía tiempo que nuestro acogido se había rehabilitado y comenzaba a brillar con luz propia.
Ahora la guitarra de su vida suena con una melodía que contagia a todo aquel que la escucha, sus cuerdas desprenden felicidad; y sus manos se deslizan por los trastes de la guitarra con fuerza y entusiasmo.
Hace cinco años que nuestro acogido permanece con nosotros y la verdad es que no podríamos estar más orgullosos de él. Gracias a Dios, a todos los que hacéis posible la obra de Acomar, y a ti, querido amigo, por recuperar la fortaleza suficiente para vivir de nuevo.
Pero, sobre todo, gracias por dar vida, ahora, a todos los que la necesitan.
Pero, sobre todo, gracias por dar vida, ahora, a todos los que la necesitan.
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